París, 14 oct (Prensa Latina) La crisis económica francesa parecer tener hoy dos caras con cierta conexión: el endeudamiento de los hogares y el creciente peso de la deuda pública, de cuyo estado dependen en parte pagos de seguridad social.
De acuerdo con la Banque de France, en 2025 se presentaron 148 mil 13 expedientes de sobreendeudamiento, un 9,8 por ciento más que en 2024, mientras que entre enero y septiembre de 2026, los nuevos expedientes aumentaron otro 11 por ciento interanual.
La institución contabilizó cinco mil millones de euros de deuda entre los hogares sobreendeudados en 2025, de los cuales el 44 por ciento correspondía a créditos al consumo.
Una de las claves de esta situación radica en la pérdida paulatina de la capacidad económica de las familias, estiman analistas citados por el canal de televisión BFMTV, al abordar posibles razones que llevan a una convocatoria de protestas generales el próximo día 17.
El Instituto Nacional de Estadística y de Estudios Económicos de Francia (Insee) registró en 2025 una caída del 0,4 por ciento del poder adquisitivo de la renta disponible.
De igual forma, el Insee agregó que también se redujo un 1,1 por ciento del poder adquisitivo de los ingresos que los hogares pueden destinar libremente a sus gastos.
Aunque los precios del consumo aumentaron mucho menos que en 2024, el gasto de consumo solo creció un 0,4 por ciento, mientras el Gobierno muestra preocupación por el aumento de la parte del salario ahorrado por las familias en lugar de dedicarla a la compra.
Obviamente, están lejos de probar por sí solas que la pérdida de poder adquisitivo cause cada caso de sobreendeudamiento, pero sí muestran un contexto en el que afrontar los gastos cotidianos puede resultar más difícil, estiman analistas de Le Monde.
El crédito puede convertirse entonces en una salida inmediata que agrava las dificultades futuras, constatan los especialistas.
Le Monde trae a colación el caso de un jubilado de 77 años que debe pagar 377 euros mensuales por cuatro préstamos, con intereses de entre el 15,66 y el 23,5 por ciento, para ilustrar así el peso de esa financiación.
A ello se suman los pagos fraccionados, los descubiertos bancarios y los minicréditos. Cuando los ingresos no bastan para cubrir los gastos, recurrir a nuevos préstamos puede crear una espiral de cuotas e intereses cada vez más difícil de romper, estima el rotativo.
Por otro lado, la deuda pública francesa alcanzó los tres billones 595 mil millones de euros, equivalentes al 119 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre de 2026.
El ministerio de Economía y Finanzas prevé que llegue al 121,7 por ciento del PIB en 2027, con un aumento en paralelo del pago del servicio de la deuda que ya supera los 90 mil millones de euros anuales.
La Urssaf Caisse nationale, que financia las necesidades de tesorería de la Seguridad Social, obtiene alrededor del 70 por ciento de sus recursos mediante bonos de la deuda emitidos en la City de Londres y renueva sus préstamos, en promedio, cada 80 días.
Si aumenta el coste de financiación, crece la presión sobre las cuentas públicas y sociales, de ahí que un término aparentemente lejano y por lo general visto como un término macroeconómico, ahora comienza a ser observado con atención por los contribuyentes galos.
En este escenario, el debate sobre cómo reducir el déficit —mediante recortes o la protección de las prestaciones y los servicios esenciales— adquiere una dimensión social directa: las familias afrontan sus deudas mientras el Estado busca contener las suyas.
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