La evaluación de integrantes del Ejecutivo parte del reconocimiento de los resultados por instituciones nacionales, partidos políticos y numerosos líderes internacionales, expuso el portal Metrópoles.
En la segunda vuelta de los comicios presidenciales, el pasado 25 de octubre, Lula obtuvo el 51,79 por ciento de los votos válidos, frente al 48,21 del senador Flávio Bolsonaro, candidato del Partido Liberal (PL), con una diferencia de unos 4,4 millones de sufragios.
Según las fuentes citadas por la prensa brasileña, el resultado debilitó las iniciativas de la oposición para cuestionar la legitimidad de los comicios en el exterior.
Incluso, el PL reconoció la victoria del mandatario, pese a las declaraciones de su derrotado adversario.
Trump volvió a criticar ayer el proceso electoral brasileño y manifestó su intención de conversar con Lula, aunque evitó responder directamente cuando le preguntaron a quién reconocía como presidente legítimo del gigante sudamericano.
Ante esas declaraciones, apuntó el portal Brasil 247, el Gobierno brasileño opta por la cautela y pretende preservar los canales de diálogo con Washington, sin convertir las diferencias políticas en una nueva crisis diplomática.
Además, puntualizó, la evaluación del Ejecutivo considera que Lula afronta el escenario posterior a las elecciones desde una posición más sólida que durante la crisis comercial del año pasado, cuando Estados Unidos impuso aranceles a productos brasileños en medio de tensiones políticas relacionadas con el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro.
En aquella etapa, el entonces diputado Eduardo Bolsonaro desarrolló gestiones en Estados Unidos para promover medidas contra Brasil.
Por otra parte, la derrota electoral de Flávio Bolsonaro debilitó su capacidad de articulación internacional. El senador huyó a Estados Unidos hace dos días y difundió allí una carta en la cual inicialmente se presentó como el presidente electo de Brasil, pero minutos después publicó otra versión que eliminó esa expresión y lo identificó como líder del país.
La misiva incluyó acusaciones de supuestas irregularidades electorales, pero no presentó pruebas que las sustentaran.
Pese a las divergencias, recalcaron los reportes, el Ejecutivo brasileño pretende mantener una relación pragmática con Washington, especialmente en comercio, inversiones y seguridad, áreas de interés para ambos países.
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