El legendario estratega estadounidense, campeón de la Serie Mundial de 2022 con los Astros de Houston, aterriza en una tierra donde el béisbol no se juega: se vive, se hereda y se defiende como una bandera.
Baker llega con una biografía que parece escrita a golpes de bate: fue jardinero durante 19 temporadas en Grandes Ligas, dos veces All-Star, ganó la Serie Mundial de 1981 con los Dodgers y dejó promedio de .278, 242 jonrones y mil 13 carreras impulsadas.
Luego se transformó en manager durante 26 campañas, condujo a Gigantes, Cachorros, Rojos, Nacionales y Astros, acumuló dos mil 143 victorias —octava cifra histórica— y conquistó por fin el ansiado título mundialista en 2022.
Su vínculo con Nicaragua no es un capítulo nuevo: ya dirigió a la selección mayor en el Clásico Mundial de 2026, y ahora regresa como una brújula de experiencia para una generación que sueña con repetir la hazaña.
La importancia de su llegada trasciende el uniforme: Baker aportará preparación mental, manejo de situaciones de juego y aprovechamiento de los turnos al bate, armas invisibles pero decisivas cuando el torneo aprieta.
Nicaragua competirá en el Grupo A junto a Panamá, Puerto Rico, República Checa, China Taipéi y Australia, y debutará este viernes ante Australia a las 19:30, hora local, en el Estadio Nacional Soberanía.
La tropa que dirige Aníbal Vega llega con la medalla de bronce conquistada en el pasado Mundial de China como estandarte, y con dos amistosos que funcionaron como ensayo general: 17-0 sobre Sudáfrica y 6-2 ante Corea del Sur.
Entre volcanes, lagos, ovaciones y guantes encerados, Managua respira béisbol; y con Baker en el dugout, la selección pinolera no solo buscará una medalla, sino escribir otra página épica de su historia.
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