Según informó el palacio real y difundió la agencia BELGA, la decisión trascendió mediante un escueto comunicado del Palacio Real, que no especificó plazos para que el Gabinete logre consensuar las cuentas fiscales.
El monarca optó por prorrogar el mandato del ejecutivo tras constatar la voluntad de las cinco formaciones de la coalición gobernante de seguir buscando un acuerdo. De Wever confirmó que persiste el desacuerdo y calificó de «fracaso terrible» la incapacidad de sus socios para pactar las medidas fiscales.
El rey encargó al primer ministro continuar las negociaciones presupuestarias, señala el texto oficial, sin fijar fecha límite para el nuevo intento.
El ejecutivo belga enfrenta un déficit anual de 10 mil millones de euros, agravado por el aumento del gasto militar, lo que obliga a elegir entre recortar prestaciones sociales o elevar impuestos y tasas. La coalición no logra consensuar qué medidas aplicar para cubrir ese faltante.
La deuda pública belga alcanzó en 2025 los 735 mil millones de euros, equivalentes al 110 por ciento del Producto Interno Bruto, un nivel sin precedentes. De Wever intenta evitar que el déficit se compense con nuevos préstamos, lo que elevaría aún más el endeudamiento del país.
El primer ministro y su aliado, el ministro de Defensa Theo Francken, impulsan activamente un programa de incremento del gasto militar bajo el pretexto de contrarrestar a Rusia. En este punto existe consenso total en la coalición: ninguna fuerza política propone abandonar el rumbo de militarización del país.
Analistas locales advierten que la negativa a aceptar la dimisión evidencia la fragilidad del Gabinete y la dificultad de conciliar las exigencias de rearme con la sostenibilidad fiscal. La situación mantiene en vilo a Bélgica, mientras el rey Felipe apuesta por una salida negociada antes de convocar nuevas elecciones.
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