Ese es el caso del experto e investigador cubano José Luís Perelló que evalúa la situación para el Caribe, pese a que por suerte para esta isla no representa problema alguno.
Señala en su cuenta en Facebook, que el Director Ejecutivo del Consejo Global para la Ciencia y el Medio Ambiente, Avriel Díaz, explico que en los últimos años, las extensas floraciones de sargazo se han convertido en una fuerza cada vez más disruptiva en el Gran Caribe.
Antaño símbolo de la biodiversidad marina en alta mar, esta macroalga ahora cubre playas desde Barbados hasta México, amenazando el turismo, los medios de vida, los ecosistemas y, fundamentalmente, la salud pública.
A medida que el cambio climático calienta los océanos y modifica los flujos de nutrientes de ríos como el Amazonas, el sargazo prospera.
Pero cuando llega a la costa y comienza a descomponerse, emite gases tóxicos, sobre todo sulfuro de hidrógeno y amoníaco, lo que supone riesgos crecientes para la salud humana, además del enorme impacto que implica para el turismo en la región.
En los últimos años, las comunidades de toda la región reportan picos de enfermedades respiratorias, especialmente entre grupos vulnerables como ancianos, niños y personas con asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
En Martinica y Guadalupe, estudios vinculan la exposición crónica a las emisiones de sargazo con dolores de cabeza, náuseas, irritación ocular e incluso complicaciones del embarazo como preeclampsia e hipertensión gestacional.
La carga recae desproporcionadamente sobre las comunidades costeras, que a menudo carecen de acceso a servicios de salud adecuados y dependen del mar para obtener ingresos.
Empresas de República Dominicana, México y Barbados ya están implementando innovaciones de forma piloto para aprovechar esas plantas.
La cosecha temprana también ayuda a preservar los compuestos bioactivos de las algas, que muestran potencial para su uso en productos farmacéuticos naturales e ingredientes funcionales, abriendo nuevas puertas para la innovación en salud y el descubrimiento de fármacos.
Por tanto, ese enfoque se alinea plenamente con la visión de una economía azul justa: aquella que aprovecha los recursos marinos sin comprometer los ecosistemas ni las comunidades que dependen de ellos.
La Asociación de Estados del Caribe (AEC) desempeña un papel fundamental en el avance de la cooperación regional en la gestión del sargazo a través de su programa SARGCOOP II, que promueve el monitoreo compartido y las estrategias de reutilización sostenible.
Si bien la integración de la salud ha estado en gran medida ausente de estos esfuerzos, la AEC comenzó a abordar esta deficiencia apoyando las conversaciones sobre la implementación de una Red de Monitoreo de la Calidad del Aire del Caribe para abordar los impactos asociados en la salud.
Y concluye Perelló, Imaginemos un futuro donde las mismas algas que una vez ahogaron nuestras costas se conviertan en un símbolo de innovación y renovación.
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