Así lo confirmó el aspirante a la Casa de Nariño en un mensaje divulgado en sus redes sociales, en el cual ratificó que uno de los ejes principales de su actividad proselitista será manifestar su rechazo a la corrupción.
“Mi lucha contra la corrupción no comenzó con mi campaña electoral: ha sido una lucha contras las mafias, contra la parapolítica, contra quienes han intentado tomarse el Estado o se lo han tomado en algunos momentos de nuestra historia reciente”, explicó.
Comentó además que le llama la atención cómo ahora la extrema derecha quiere presentarse como una fuerza que ha combatido ese flagelo.
“Es con ellos con quienes he polemizado en el Congreso, con su jefe Álvaro Uribe (en referencia al expresidente de Colombia entre 2002-2010), quien no solamente ha acolitado la corrupción, sino que bajo su gobierno intentó que las mafias parapolíticas anidaran en el Congreso y en el Ejecutivo”, remarcó.
Sentenció que su postura al respecto es “implacable”.
Cepeda reinicia sus actividades en Colombia tras un viaje al gigante sudamericano, durante el cual se entrevistó con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en el Palacio del Planalto, en Brasilia.
Tras el encuentro reveló que pudo trasmitirle la admiración y el reconocimiento que suscita en Colombia.
Conversó asimismo con el presidente del Partido de los Trabajadores, Edinho Silva.
Al término de su visita por Brasil, destacó que obtuvo información muy valiosa de cómo se realizó allí la reforma agraria, la cual calificó como importante a tener en cuenta en el contexto internacional.
El candidato del Pacto asegura que, de ganar la Presidencia, implementará lo que denomina una “revolución agraria”.
Tal estrategia está orientada a convertir los territorios rurales en zonas prósperas, libres de narcotráfico y minería ilegal, e integradas a los mercados urbanos e internacionales, lo cual dependerá directamente de la organización y la acción política que asuma el campesinado colombiano, según afirma.
A su juicio, en cada municipio rural del país debe garantizarse el acceso al agua apta para el consumo humano, la disponibilidad de fuentes de energía que cubran las necesidades básicas, la existencia de vías terciarias que faciliten el transporte de personas y alimentos, así como condiciones adecuadas para la producción agropecuaria.
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