De acuerdo con una fuente del Ministerio del Interior, el religioso murió tras ser trasladado a un hospital debido a las heridas sufridas en el estallido, cuyas circunstancias aún se investigan.
El jeque al-Mansour era considerado una figura religiosa prominente en la región de Sayyida Zeinab que alberga el santuario que incluye la tumba de la nieta del profeta.
El Ministerio de Asuntos Religiosos condenó enérgicamente el ataque y lo calificó de acto reprobable que amenaza la seguridad y la estabilidad de la sociedad siria.
En un comunicado, la institución advirtió que este tipo de acciones constituye una amenaza directa a la paz civil y busca socavar la unidad del pueblo y desestabilizar el tejido social del país.
Por su parte, el Ministerio del Interior señaló que el asesinato del imán del santuario forma parte de una escalada peligrosa dirigida contra figuras religiosas y sociales, con el objetivo de provocar división e inseguridad.
Asimismo, reiteró que el crimen no quedará impune y aseguró que las autoridades competentes iniciaron las investigaciones para identificar a los responsables y llevarlos ante la justicia.
Las autoridades sirias afirmaron además que continúan vigilantes ante intentos sistemáticos recientes de desestabilizar la seguridad nacional, sembrar el caos y atentar contra la paz civil.
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