La iniciativa, denominada “Tradición y conservación van de la mano”, fue presentada este martes por el Ministerio de Ambiente y Energía con el objetivo de reducir la tala y comercialización ilegal de esta planta en el contexto de la celebración católica de la Semana Santa.
La palma de cera, utilizada tradicionalmente en los ramos que portan aquí los fieles, crece en zonas de la cordillera de los Andes y se caracteriza por su lento desarrollo, ya que puede tardar más de 80 años en regenerarse y superar los 200 años de vida.
Las autoridades advirtieron que la extracción de sus hojas jóvenes, conocidas como cogollos, pone en riesgo su supervivencia, al punto de que varias especies del género están catalogadas como vulnerables o en peligro de extinción.
El subsecretario de Patrimonio Natural, Byron Real, señaló que estas palmas se encuentran en zonas como Baños, Pimampiro y Morona Santiago, mientras que la directora de Biodiversidad del Ministerio, Judith Baquero, alertó que al menos tres especies enfrentan distintos niveles de amenaza.
Explicaron que la palma de cera cumple un rol clave en los ecosistemas andinos, al servir de alimento y refugio para especies como el oso de anteojos, el tucán, el tapir y el loro orejiamarillo, este último considerado vulnerable a nivel global.
Ante esa situación, el Gobierno promueve alternativas sostenibles para la elaboración de los ramos religiosos, como el uso de plantas ornamentales y materiales como laurel, romero, bambú, hortensias o pino.
Según recordaron, la legislación ecuatoriana sanciona con penas de uno a tres años de prisión y multas de hasta cuatro mil dólares a quienes extraigan, transporten o comercialicen palma de cera de forma ilegal.
Según datos de la Policía Ambiental, en 2025 se realizaron 53 operativos en los que se decomisaron más de 900 kilos de esta especie, lo que evidencia la persistencia de esta práctica pese a las restricciones.
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