El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, entregó el certificado a la titular chilena del sector, Mai Chomali, durante la 79 Asamblea Mundial de ese organismo de Naciones Unidas, que este miércoles continúa sus sesiones en Ginebra.
Según datos oficiales, el último caso autóctono de la enfermedad se registró en la isla chilena de Rapa Nui en 1995, luego de más de un siglo de afectación en ese territorio insular.
Entre 2012 y 2023 las autoridades sanitarias identificaron en el país 47 contagiados, pero todos fueron importados, lo cual significa que no existe transmisión local del bacilo Mycobacterium leprae aquí desde hace más de tres décadas.
De acuerdo con la OMS/OPS, la clave del éxito reside en que Chile mantuvo un sistema de vigilancia activa para identificar y tratar casos externos antes de que generaran nuevos brotes.
Conocida también como enfermedad de Hansen, la lepra es causada por la bacteria Mycobacterium leprae y afecta principalmente la piel, los nervios periféricos, la mucosa del tracto respiratorio superior y los ojos.
Si no se trata, puede provocar daño nervioso permanente, discapacidades y estigma social; sin embargo, en la actualidad la afección es totalmente curable con terapia multimedicamentosa, y la detección temprana previene complicaciones.
En Chile fue determinante para avanzar en su erradicación la introducción de la poliquimioterapia (PQT), un tratamiento altamente efectivo, junto con una política de integración social que abandonó el estigma del aislamiento.
La OMS advierte que la lepra no se transmite por contacto casual como dar la mano, abrazar, compartir la comida o sentarse junto a alguien.
El contagio requiere una convivencia cercana, frecuente y durante muchos meses con quien padezca la enfermedad y no esté recibiendo tratamiento.
Alrededor del 95 por ciento de las personas tienen un sistema inmunitario capaz de combatir la bacteria de forma natural y nunca desarrollan la enfermedad, incluso si se exponen a ella.
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