Según manifestó este martes el alto cargo ruso a la prensa, estos ataques forman parte de un plan para infligir el máximo daño posible a las instalaciones energéticas del país euroasiático.
«Desde el 2023, ha aumentado la cifra de los crímenes de carácter terrorista en la región noroeste. La causa es el incremento de los ataques enemigos, tanto de sabotaje como terroristas, y su objetivo es infligir el máximo daño posible a las instalaciones energéticas, de transporte y de combustible, especialmente vinculadas a la infraestructura marítima», señaló Bórtnikov.
En ese contexto, recalcó la necesidad de introducir ajustes en las operaciones de seguridad antiterrorista de las instalaciones en cuestión. Bórtnikov precisó que hay que elaborar medidas suficientes para responder a los intentos del enemigo de perpetrar actos terroristas y de sabotaje.
Además, subrayó la importancia de intensificar las tareas de prevención del terrorismo, sobre todo entre la población juvenil de Rusia.
El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una operación militar especial en Ucrania, según el presidente, Vladimir Putin, para proteger a la población de Donbás de «un genocidio por parte del régimen de Kiev» y atajar los riesgos de seguridad nacional que representa el avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte hacia el este.
Los ataques con drones lanzados desde Ucrania contra objetivos militares y civiles en la retaguardia rusa se han convertido desde entonces en una práctica habitual.
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