El tanto de la victoria albiceleste fue un gol en contra que le apuntaron al zaguero Diney Borges cuando el balón dio en su espalda y entró a su portería en una disputa de amontonamiento y confusión de jugadores dentro del área tras un tiro de esquina.
Los caboverdianos jugaron el partido de su vida con una demostración como si fueran un elenco de la cúspide del fútbol internacional, y con un arquero con una actuación magistral que no integra ningún club: Josimar José Évora Dias, más conocido como Vozihna, fue la gran figura de la noche.
Los “Tiburones Azules”, como se les conoce, provienen de un diminuto Estado insular africano en el Océano Atlántico alejado a 657 kilómetros de la costa de Mauritania de no más de 500 mil habitantes, que nunca se había ni acercado a un Mundial y clasificó a este gracias a que la FIFA amplió el parangón a 48 equipos.
“En un partido para el infarto, la Selección Argentina eliminó a Cabo Verde y está en octavos del Mundial 2026”, destacó el medio TyC Sports, que transmitió para toda la nación el choque de dieciseisavos en el estadio Hard Rock de Miami.
“Tras un alargue de novela, la “Scaloneta” se impuso por 3-2 sobre el combinado africano en los dieciseisavos de final de la Copa Mundial de la FIFA y jugará ante Egipto en la próxima ronda de octavos de final”, resumió el canal deportivo.
Lionel Messi abrió el marcador con su gol 20 en Mundiales y el octavo en esta justa, para seguir de líder anotador, tras un gran pase de Lisandro Martínez.
El astro extendió a ocho el récord de más juegos convirtiendo, pero en el resto del choque tuvo siete oportunidades de gol en las que se fue en blanco. Vozhina le cerró el arco.
A los 59 minutos Deroy Duarte completó una vistosa jugada y cañoneó preciso sin que “Dibu” Martínez pudiera hacer nada. Así se mantuvo el choque 1-1 hasta que a los 92 el defensor Lisandro Martínez se incorporó a la ofensiva, obtuvo un rebote y disparó certero un tiro que no pudo detener el estelar Vozhina.
Todo parecía definitivo, pero los caboverdianos no bajaron los brazos, se entregaron como los grandes, conjuraron cualquier desánimo y a los 103, ya en el descuento del segundo tiempo antes de que el árbitro pitara el final, Sidny Lopes logró histórica igualada 2-2 y mandó el choque al tiempo extra que se definió casi a los 119 minutos de juego.
Antes del enfrentamiento, en la llamada previa, ya no había un alma en las calles de Buenos Aires, excepto los que tenían que trabajar en el servicio público.
Todos estaban en casa, un bar o uno de los cafés que prendieron pantallas enormes en sus locales y ofertaron una “happy hour” a mitad de precio para atraer clientela.
El bar alemán Extrawurst se llenó de teutones residentes en Argentina todavía nada resignados a la eliminación de la “Die Mannschaft” junto a argentinos que acudieron a disfrutar una buena cerveza y ver el partido.
Mientras el “happy hour” animaba el consumo, hubo gritos y exclamaciones de mujeres y hombres en cada jugada que podría terminar en gol. Al final, hubo abrazos, pero nadie brindó.
Todos pensaron que sería puro trámite, pero resultó una agonía durante 118 minutos y segundos. Fue una tensión agotadora antes del gol en contra que cerró el partido a favor del elenco campeón mundial, el cual terminó exhausto, excesivamente cansado.
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