Ciudad de México, 5 jul (Prensa Latina) La despedida del estadio Azteca en esta Copa Mundial de fútbol de México, Estados Unidos y Canadá 2026 no podía empañarla la lluvia, ni siquiera una derrota ante Inglaterra.
Mientras Brasil jugaba aquí tronaba; la lluvia retrasó una hora el comienzo del partido, pero los mexicanos decían: «Así fue también contra Ecuador y ganamos», agitando las miles de banderas colocadas en los asientos.
Complacieron a los ingleses con un par de temas, abucheados por los presentes, como debe ser y corresponde; ni la intocable «Don’t Stop Me Now» se salvó.
Suena fuerte decirlo, pero los sueños de todo un país estaban en juego en solamente 90 minutos, porque muy pocas cosas unen más que el deporte, y el “¿Y si sí?” retumbó antes del conteo final.
La amarilla a Declan Rice al minuto dos enardeció más aún las tribunas, en la zona técnica Thomas Tuchel perdía los estribos, y al 15 Jordan Pickford emuló a Gordon Banks y su parada del siglo tras cabezazo de Raúl Jiménez a la base del poste.
Para los ingleses era un Déja vu nada agradable, pero se aferraban a que aquello había sido 56 años atrás en Guadalajara, y no en el DF.
Los 18 grados del Azteca no parecían afectar a algunos seguidores de los Tres Leones que estaban sin camisa, mientras yo me moría de frío en las tribunas.
Al 26 Anthony Gordon tuvo la más clara hasta ese el momento para los visitantes, pero Raúl Rangel tampoco tuvo que despeinarse para atajar su disparo.
Una desatención pasmosa dejó a Jude Bellingham rematar solo de cabeza, casi a puerta vacía, al 36, y sin reponerse todavía cayó el segundo, muy parecido, pero esta vez con el pie derecho del jugador del Real Madrid.
Las gradas gritaron “¡Sí se puede!” aunque el campo decía otra cosa; eran los primeros goles concedidos por el Tri en todo el Mundial, pero una vez más Julián Quiñones hizo volar la cerveza al 42.
A corazón puro México logró que la diferencia fuera mínima al entretiempo, donde Saúl “El Canelo” Álvarez recibió una cerrada ovación y Maná le puso su sello al clásico “El Rey” entre fuegos artificiales.
Rugió el estadio cuando el árbitro Alireza Faghani coincidió con el VAR en la roja directa a Jarell Quansah; el “¿Y si sí?” volvió a escucharse con fuerza y el técnico Javier Aguirre alisaba su corbata verde.
Parecía el mejor momento de los locales, pero en un mano a mano se marcó pena máxima y Harry Kane no perdonó la estirada tímida de Rangel para poner el 3-1, aunque el propio Huracán cometió penalti poco después.
Jiménez tuvo su recompensa desde los 12 pasos y quedaba tiempo para la remontada; ya no llovía y el Tri tenía superioridad numérica, el “¡Sí se puede!” resurgió mientras Tuchell ponía cinco defensas.
Fue un asedio a la valla de Pickford, pero no se cumplió aquello de “Fortaleza sitiada, fortaleza tomada”, y resurgieron los fantasmas del quinto partido para los aztecas.
México tendrá que esperar otros cuatro años para la revancha, y yo que la lluvia y el sereno que cogí no me pasen factura.
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