Por Roberto Hernández
Cada bar, esquina o las populares cervecerías llamadas Bia Hoi en todo el país fueron escenario del júbilo con que se vivió el partido, que presenció el presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), Gianni Infantino, llegado al Estadio Nacional My Dinh, de Hanoi, para la ocasión.

Las calles, las plazas –no solo en la capital- fueron escenario de saltos, gritos, cornetas y el claxon de las motocicletas y de los automóviles.
En muchos lugares públicos fue una celebración familiar, en la que no faltaron los niños con sus ocurrencias, en un país en el que la práctica de deportes es parte del día a día en cuanto lugar al aire libre existe.
Mucho después del pitazo final y de la premiación del conjunto, dirigido por el entrenador sudcoreano Kim Sang Sik, las calles del centro capitalino eran un hervidero de motos y vehículos, algunos con banderas del país, presentes en muchas calles a pocos días de la conmemoración del Día Nacional, el 2 de septiembre.
El triunfo de los llamados Guerreros de la estrella dorada permitió, sin proponérselo, una celebración anticipada de la fecha patria y del aniversario 81 de la Revolución de Agosto (19 de agosto de 1945), que llevó a la proclamación por el Presidente Ho Chi Minh de la independencia y el establecimiento de República Democrática de Vietnam.
Los vietnamitas –y algunos extranjeros que celebraron contagiados con la alegría de los locales- tienen otra razón para esperar los cinco días del feriado nacional, del 29 al 2 de septiembre, con las disímiles actividades culturales y deportivas planeadas en todo el país.
El partido de vuelta esta noche en Hanoi quedó empatado a dos, pero los dos goles de los Guerreros en Bangkok –hace cuatro días- los catapultaron al triunfo por el marcador global 4-2, y mientras tanto… las calles son rojas como si hubieran ganado el mundial.
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