Cuando estas dos piezas no avanzan al mismo ritmo que el comercio, el resultado es lógico: producir es más caro, mover mercadería toma más tiempo y crecer se vuelve más difícil, describió la entidad en sus propias plataformas digitales.
Para los envíos al exterior necesitamos continuidad: energía estable para maquinaria, fabricación, centros de empaque, refrigeración y procesos que no pueden detenerse, acotó.
Sin embargo, añadió, en el país el reto no es únicamente de cantidad de suministro eléctrico, sino de capacidad del sistema y certeza para invertir.
Sin esa base, crecen los problemas de abastecimiento y aumentan los costos por soluciones de emergencia, subrayó.
En la práctica, hay proyectos que se atrasan porque obtener permisos y autorizaciones puede tardar demasiado, señaló la Agexport.
Sobre el segundo tema, explicó que exportar también es logística: carreteras, puertos, corredores eficientes y tiempos predecibles.
Si la infraestructura no mejora, la mercadería se encarece por transporte, por tiempos perdidos y por riesgos en el traslado, remarcó.
Enfatizó además que la nación compite no solo con el producto, sino con el costo total y la rapidez de entrega. En cadenas globales, esos detalles pesan muchísimo, consideró.
A su juicio, este territorio centroamericano no puede tratar energía e infraestructura como temas separados. Deben trabajarse como parte de una misma agenda de competitividad, aseveró. Pidió agilizar permisos y decisiones para que la infraestructura eléctrica se construya a tiempo y con reglas claras.
Asimismo, priorizar corredores logísticos que reduzcan costos y tiempos para el sector exportador y planificar con visión de futuro (a largo plazo).
Sin avances reales en estas barreras, el crecimiento se vuelve lento. Y cuando el comercio se acelera en otros países, precisó, Guatemala corre el riesgo de quedarse atrás.
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