Los dispositivos de ese tipo (llamados también de fragmentación o de dispersión) son artefactos de caída libre o dirigida que puede lanzarse desde tierra, mar o aire, y liberan un gran número de pequeñas bombas al abrirse, lo cual aumenta el área afectada.
Esas municiones no tienen cabida en nuestro mundo. Hieren y matan a civiles indiscriminadamente; a menudo, a niños que juegan o que van y vienen de la escuela. Sus consecuencias persiguen a las personas y a las comunidades durante generaciones, alertó Guterres.
Mucho después de que terminan los conflictos, esas armas siguen cobrando vidas, destruyendo medios de subsistencia y obstaculizando el desarrollo sostenible. Lamento profundamente las informaciones que indican que algunos países reincorporaron esos aparatos abominables a sus arsenales, añadió.
El titular de la ONU insistió en la necesidad de evitar cualquier tipo de sufrimiento a la poblacion civil y aseguró que queda mucho por hacer.
Los Estados deben reforzar su compromiso político e incrementar los recursos para limpiar las tierras contaminadas y apoyar a los supervivientes. Les pido seguir cumpliendo plenamente sus obligaciones y animo a quienes no se han adherido a la Convención sobre el tema a que lo hagan sin demora, señaló.
Un mundo libre de bombas de racimo está a nuestro alcance. Destinemos los recursos necesarios, renovemos nuestra determinación y actuemos con decisión para garantizar un futuro más seguro para todos, concluyó.
oda/gas













