Al intervenir en la plenaria del Foro Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), que sesiona en Roma hasta el 16 de octubre bajo el lema “Innovar hoy para nutrir mañana”, la mandataria subrayó que los alimentos “jamás deberían convertirse en presión o confrontación política”.
Estimó, al respecto, que donde existen diferencias entre Estados “el diálogo y la diplomacia deben prevalecer” y donde existe hambre la responsabilidad común deber ser encontrar soluciones.
En su mensaje, la jefa de Estado insistió en el llamado a poner fin a la aplicación de medidas que, al margen del derecho internacional, tienen implicaciones negativas sobre el derecho a la alimentación.
Rodríguez reafirmó que su país llegó a este encuentro con la convicción de que la alimentación es un “derecho inalienable”, directamente vinculado con la vida, la dignidad y el desarrollo integral de las personas.
Remarcó que para alcanzar ese derecho se requiere de “políticas públicas inclusivas y sostenidas”, pero también de producción, inversión, ciencia, tecnología, financiamiento, cooperación, paz y de un “sistema internacional capaz de cooperar, inclusive, por encima de las diferencias”.
En su discurso, la mandataria encargada agradeció a la FAO y al Programa Mundial de Alimentos por el apoyo al pueblo venezolano, en las “horas más duras” del duplete sísmico del 24 de junio, que impactó en siete estados de la nación.
Rindió homenaje a quienes trabajan la tierra, a las mujeres y hombres que siembran, a los pescadores, a las comunidades que conservan sus saberes y las semillas que “guardan la memoria y el porvenir de nuestros pueblos”.
La gobernante señaló que el proceso de renacer convoca a colocar la ciencia, la tecnología, la innovación, la inversión, los conocimientos tradicionales al servicio de las personas, a transformar el sistema agroalimentario y lograr que las soluciones lleguen a quienes producen y enfrentan todavía el hambre y la malnutrición.
Aludió a los datos mundiales los cuales ratifican que, pese a los avances recientes, la situación del presente “nos interpela” porque todavía 645 millones de personas padecen hambre, el 7,8 por ciento de la población mundial.
Otros dos mil millones enfrentan algún grado de inseguridad alimentaria y miles de millones no pueden acceder aún económicamente a una dieta saludable, afirmó.
Se refirió a la paradoja actual, “difícil de aceptar”, de que al disponer la humanidad de capacidades productivas, científicas y tecnológicas como nunca antes, millones de personas carecen de alimentos suficientes y una proporción de alimentos producidos se pierden en la cosecha o son desperdiciados.
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