Son diversos los argumentos que podemos encontrar en las redes sociales digitales, y no precisamente salidos de aquí, que permiten entender de qué va semejante declaración, que a lo sumo expresa la impotencia de una administración que necesita a toda costa un asidero para continuar asediando a la isla.
Por ejemplo, el Comité Directivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Artes y Humanidades, publicó que la orden ejecutiva: «…busca justificar el incremento brutal y desmedido de un asedio prolongado, mediante sanciones secundarias y extraterritoriales que violan de manera flagrante los principios esenciales del derecho internacional…»
Y continua explicando que «muy por el contrario, el prestigio internacional de la política exterior de la Revolución Cubana es ampliamente reconocido en foros multilaterales y por la mayoría de las naciones que integran la comunidad internacional».
En pocas palabras, el imperio no admite que un país que no lo emule en poderío económico, armamentístico e influencia global, pueda mostrarse al mundo como un ejemplo de alternativa política, de bienestar social, de respeto a los derechos humanos y sobre todo de defensa de la autodeterminación y la soberanía.
Son difíciles de entender argumentos como: «La Habana ha reforzado sus vínculos estratégicos con Rusia, China, Irán, Hamás y Hezbolá, permitiendo la presencia de infraestructuras militares y de inteligencia extranjeras en la isla…».
Hay que sumar a las arbitrariedades anteriores, todas las leyes y tratados internacionales que son violados cada vez que los Estados Unidos, aplica medidas extraterritoriales, que afectan el normal desenvolvimiento de la economía cubana y genera crisis en servicios básicos.
Otro aspecto a tener en cuenta es el financiamiento a la subversión interna y el apoyo al discurso anticubano en redes sociales digitales con el objetivo de desacreditar la gestión del Gobierno de Cuba, la imagen de los dirigentes de la Revolución e intentar separar al pueblo de sus instituciones.
Un elemento que daría «trigo» para llenar cientos de cuartillas es el terrorismo de Estado expresado en el financiamiento y apoyo logístico a incursiones armadas, infiltraciones, guerra bacteriológica, entre otras acciones que suman todo un historial de 67 años de agresiones contra Cuba.
A favor de la mayor de las Antillas cuenta además, la cooperación de sus autoridades con el servicio de guardacostas de los Estados Unidos, para impedir que transiten barcos al servicio del narcotráfico por aguas cubanas hacia las costas norteamericanas, y el aporte de información de inteligencia a instituciones estadounidenses para evitar que se cometan actos terroristas en ese país, cuando ha sido el caso.
A ojos vista, la declaración de Cuba como «Amenaza inusual y extraordinaria» para la seguridad nacional de Estados Unidos, solo responde a intereses hegemónicos y a la naturaleza propia de un imperio que no concibe que una pequeña isla, a solo 90 millas de sus costas, pueda erigirse como un ejemplo alternativo de defensa de la soberanía, pues bajo la lógica imperial de Washington, la autodeterminación ajena siempre será, por definición, una amenaza. jha/yvg













