Refirió en su cuenta en Facebook que este lugar abrió sus puertas en el año 705 D.C. y hoy sigue recibiendo huéspedes con la misma calidez de hace 13 siglos.
Se llama Nishiyama Onsen Keiunkan, en Japón. Este rincón en las montañas de Yamanashi ya era considerado antiguo mucho antes de que Cristóbal Colón siquiera planeara el viaje al nuevo mundo.
Lo más impresionante no es solo su edad, sino su linaje. El hotel ostenta el Récord Guinness como el más antiguo del planeta y fue administrado por la misma familia durante 52 generaciones.
Dicho linaje sobrevivió a guerras civiles y samuráis, grandes terremotos, y caídas de imperios enteros.
Señaló que se trata del verdadero lujo del silencio escondido entre la naturaleza, santuario con solo 37 habitaciones diseñadas para la desconexión total.
Allí el minimalismo es ley: pisos de tatami y futones tradicionales, aguas termales que brotan directo de la tierra, sin Wi-Fi en las habitaciones.
La invitación es clara: cambiar las notificaciones del celular por el sonido del río y el vapor de las termas.
Por esos pasillos caminaron shogunes y emperadores, buscando la paz que solo mil años de historia pueden ofrecer.
El éxito del lugar no radica en la modernidad, sino en su capacidad de mantenerse intacto, mientras el mundo entero cambiaba a su alrededor, concluye Perelló.
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