La firma de la llamada Ley Áurea, el 13 de mayo de 1888, puso fin legalmente a la esclavitud en el gigante sudamericano, pero no garantizó tierra, empleo, vivienda, educación ni inclusión social para millones de personas liberadas tras más de tres siglos de explotación.
Por ello, el movimiento negro brasileño ha dado nuevo significado a la efeméride, como un día de reflexión sobre las consecuencias de una abolición considerada incompleta, así como una jornada de exigencia de reparación histórica.
Según un reportaje publicado por la Agencia Brasil, investigadores y organizaciones sociales sostienen que el Estado brasileño abandonó a la población negra después de la abolición formal y permitió la continuidad de estructuras económicas y sociales profundamente desiguales.
La historiadora Ana Flávia Magalhães Pinto, profesora de la Universidad de Brasilia, afirmó que el racismo siguió organizando las relaciones económicas y limitando el acceso de la población negra a derechos básicos como empleo, salud, educación y vivienda.
Después de ser el principal destino de africanos esclavizados en el continente, pues se estima que cerca de cinco millones de personas llegaron aquí en barcos negreros durante el periodo colonial e imperial, Brasil fue el último país de América en abolir oficialmente la esclavitud.
Más de un siglo después de que la princesa Isabel firmara la Ley Áurea, los indicadores sociales revelan que las desigualdades raciales persisten.
Datos citados por la organización Oxfam Brasil indican que alrededor del 80 por ciento de los superricos brasileños son hombres blancos, mientras las mujeres negras continúan entre los sectores más empobrecidos y vulnerables de la sociedad.
El Ministerio de Trabajo registra que hombres no negros poseen ingresos promedio superiores a seis mil reales mensuales (mil 217 dólares), mientras mujeres negras reciben menos de la mitad de esa cifra.
Incluso entre personas con educación superior, las diferencias salariales permanecen elevadas.
La Central Única de los Trabajadores sostiene que las personas negras siguen concentradas en empleos precarizados, bajos salarios y jornadas extenuantes, además de estar subrepresentadas en cargos de dirección.
Aunque la población negra constituye cerca del 56 por ciento de los brasileños, apenas ocupa alrededor del ocho por ciento de los puestos de liderazgo, en tanto la violencia es otra expresión del racismo estructural denunciado por movimientos sociales.
Datos recientes muestran que cerca del 75 por ciento de las víctimas de homicidio en Brasil son negras, especialmente jóvenes residentes de periferias urbanas.
Tales desigualdades aparecen igualmente en indicadores de salud y expectativa de vida, cuando las mujeres negras viven, en promedio, cuatro años menos que las blancas, mientras hombres negros mueren aproximadamente seis años antes que los blancos, según datos citados este miércoles por CNN Brasil.
Colectivos sociales afirman que esas diferencias reflejan el impacto histórico de la pobreza, la exclusión y la violencia sobre la población negra brasileña.
La discusión sobre reparación histórica ganó fuerza este año con campañas impulsadas por parlamentarios y entidades sociales.
Una de ellas es “Justicia Tributaria Ya”, promovida por organizaciones civiles como el Instituto de Estudios Socioeconómicos y Oxfam Brasil, que propone gravar grandes fortunas, dividendos y patrimonios históricamente concentrados en élites blancas.
Al mismo tiempo, la Propuesta de Enmienda a la Constitución conocida como PEC de la Reparación, busca incorporar la igualdad racial como derecho constitucional permanente y crear un Fondo Nacional de Reparación Económica y Promoción de la Igualdad Racial.
La iniciativa prevé inversiones anuales en programas de inclusión económica, educación, cultura y combate a las desigualdades raciales. El diputado Orlando Silva, relator del proyecto, lo calificó como un paso necesario para enfrentar el “legado perverso” dejado por la esclavitud en Brasil.
Para los movimientos negros, el debate sobre reparación va más allá de recursos económicos y abarca acceso a tierra, representación política, memoria histórica y combate a la violencia racial.
En ese contexto, el 20 de noviembre, Día de la Conciencia Negra y fecha que recuerda la muerte de Zumbi dos Palmares, símbolo nacional de la resistencia a la esclavitud y la lucha contra el racismo, es considerado por activistas como una efeméride de más significado que el propio 13 de mayo.
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