Según la revista Addiction, los investigadores analizaron cómo el consumo de ese producto influye en distintas enfermedades, y qué ocurre en el cuerpo cuando una persona reduce la ingesta o deja de beber.
Más de sesenta enfermedades y lesiones son 100 por ciento atribuibles al consumo de alcohol, y fueron incluidas en esa lista la cardiomiopatía alcohólica, la cirrosis y el síndrome alcohólico fetal.
La fuente subraya que otros estudios confirman que su consumo aumenta el riesgo de contraer enfermedades infecciosas, como tuberculosis, neumonía, VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual.
El alcohol –puntualizan los expertos- daña la función hepática y debilita la respuesta inmunitaria, lo que hace que las personas sean más susceptibles a las infecciones.
El consumo también puede provocar enfermedades no transmisibles como el cáncer de boca, faringe, laringe, esófago, colon, recto, hígado, mama y cuello uterino.
También provoca la hipertensión arterial, miocardiopatía, cardiopatía isquémica, fibrilación auricular, accidente cerebrovascular; diabetes tipo 2; demencia, epilepsia, cirrosis hepática, pancreatitis.
Además muchas lesiones se atribuyen en parte al consumo de alcohol y es que, incluso en bajas cantidades, el alcohol afecta el equilibrio, el tiempo de reacción y el juicio, lo que aumenta el riesgo de percances por accidentes, en los que se dañan a terceros.
Sin embargo, algunas afectaciones nombradas pueden revertirse reduciendo o dejando de beber.
Ejemplo de ello son, los riesgos a corto plazo, como las lesiones o las infecciones de transmisión sexual, se producen principalmente durante la intoxicación y disminuyen cuando se deja de beber.
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