El caso, ocurrido en noviembre de 2025 en la Escuela Municipal de Educación Infantil Antônio Bento, en la zona oeste de la capital paulista, fue revelado en ese momento por el portal Metrópoles y desde entonces levantó alarmas.
La indignación en torno a ese tema volvió a crecer esta semana, cuando el mismo medio difundió las grabaciones de las cámaras corporales de los policías que atendieron el hecho.
El video muestra a 12 agentes, algunos con armas de grueso calibre, ingresando al centro educativo para cuestionar a la dirección después de que un padre, también soldado de la Policía Militar, se quejara de que su hija de cuatro años había dibujado a la orixá Iansã en una actividad escolar.
Según reportó el portal G1, el padre acusó a la escuela de «imponer su ideología» y de dar una «clase de religión africana» a la menor.
En las imágenes se observa cómo la directora de la escuela explica a los agentes que la actividad formaba parte de un proyecto pedagógico basado en la lectura del libro infantil «Ciranda en Aruanda».
Tal obra, que integra el acervo oficial de la red municipal, tiene el sello de «Altamente Recomendable» de la Fundación Nacional del Libro Infantil y Juvenil y aborda la mitología de los orixás desde una perspectiva cultural y literaria, sin carácter religioso.
Esa discusión, captada en su totalidad por las cámaras, se tornó tensa, y en ella el teniente Ronald Camacho, comandante de la operación, interpeló a la directora con un discurso que ha sido ampliamente criticado.
La señora quiso imponer y dictar sus reglas, dictar su pensamiento, dictar su ideología. No voy a conversar con usted ahora. Y, si hay alguna medida, la tomaré; volveré aquí con una medida administrativa, dijo entonces el oficial.
A su vez, la directora interpelada, en una postura que ha recibido elogios en medios y redes sociales, argumentó que la actividad cumplía con las leyes federales 10.639/03 y 11.645/08, las cuales hacen obligatoria la enseñanza de la historia y la cultura afrobrasileña e indígena en todos los establecimientos de enseñanza básica del país.
Para analistas y juristas citados por medios brasileños, la acción de la policía representa una grave afrenta al Estado de Derecho.
«Al invadir la escuela, los policías militares desafiaron la ley, la función policial, a las familias y al propio Estado», sentenció Daniel Cara, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de São Paulo (USP), en una entrevista con Brasil de Fato.
Cara destacó que la policía, en lugar de resguardar la ley como establece su función constitucional, actuó en contra de una institución que simplemente cumplía con la legislación educativa vigente.
«Deberían responder a un proceso administrativo por su actuación en este caso», afirmó el educador, quien también enalteció «la postura firme de la directora de la escuela al no doblarse ante los agentes armados.
La indignación ha trascendido el ámbito educativo y ha llegado a las esferas políticas y judiciales. En noviembre pasado el Ministerio de la Igualdad Racial repudió el episodio, al calificarlo de «racismo religioso» y «violencia institucional».
Por su parte, la Asociación Movimiento Brasil Laico y la Bancada Feminista del Partido Socialismo y Libertad presentaron acciones este martes para que se investigue a los agentes por intolerancia religiosa, abuso de autoridad y constreñimiento contra las educadoras.
Además de las críticas generadas por este hecho puntual, el caso ha abierto un debate sobre la laicidad del Estado y el trato desigual a las culturas.
«En un Estado que se declara laico, símbolos cristianos siguen naturalizados en espacios públicos, (…) pero cuando culturas afrobrasileñas entran en la sala de aula como patrimonio histórico, dejan de ser tratadas como cultura y pasan a ser enmarcadas como problema», escribió el columnista Rodrigo França en Metrópoles.
França cuestiona en su artículo la diferencia de trato: «Nadie cuestiona cuando los niños aprenden sobre Zeus, Atenea o Hércules. No se suele decir que estudiar mitología griega equivale a convertir estudiantes al politeísmo helénico».
A su vez, el abogado Thiago Amparo, profesor de derecho internacional y derechos humanos en la Universidad Estatal de Budapest, manifestó en una columna en el diario Folha de S. Paulo que esa invasión a una escuela infantil no es apenas intolerancia, “es racismo religioso practicado por un Estado policial-cristiano, para el cual la libertad religiosa tiene color y un credo”.
El Brasil que viste de blanco cada fin de año y dice “ojalá” entra en una escuela infantil con una ametralladora, con la certeza de la impunidad que solo el racismo proporciona, expresó.
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