Ciudad de México, 30 jun (Prensa Latina) Al evocar el nombre “Maracaná”, en la mente de muchos resuena inmediatamente el imponente estadio de Río de Janeiro, pero en el corazón de la Ciudad de México existe un pequeño terreno con ese nombre, sede del Deportivo Maracaná.
Lejos del glamour de aquel templo sagrado donde se han tejido memorias imborrables del fútbol mundial, la modesta cancha ubicada en el barrio de Tepito late con su propia intensidad.
Tepito tiene fama de una gran inseguridad y es llamado coloquialmente como ‘barrio bravo’, en medio de la alcaldía Cuauhtémoc, de dónde casualmente es oriundo también uno de los mejor futbolistas mexicanos de todos los tiempos: Cuauhtémoc Blanco.
Saliendo de la estación del Metro Tepito se camina por el Eje 1 Norte, se entra por la calle Florida hasta llegar a la calle Claridad, y por entre puestos ambulantes se llega a la cancha, con una grada para 400 personas.
El terreno originalmente tenía cancha de tierra y porterías de madera, pero fue remodelado en 2021 y hoy cuenta con pasto sintético, drenaje, enrejado e iluminación.
Lo de Maracaná viene porque en el marco del Mundial de 1970 el modesto lugar fue visitado por Pelé y otros dos jugadores de la plantilla campeona del orbe que se unieron a personal de la embajada auriverde para jugar un partido con el elenco local.
En sus alrededores se mezclan vendedores ambulantes con familias, jóvenes con ancianos, es común ver niños correteando entre las tribunas, soñando con ser algún día protagonistas del más universal de los deportes.
El complejo deportivo cuenta actualmente con una liga consolidada de 50 equipos locales, y en su gimnasio se han forjado también varios ídolos del boxeo mexicano como Carlos Zárate y José “Huitlacoche” Medel.
Es una invitación a valorar esos lugares humildes pero llenos de vida, que más allá de su tamaño o fama, son esenciales en la historia emocional de una ciudad tan vasta y compleja como el Distrito Federal.
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