Alcaraz, actual número tres del mundo, vuelve a escena como quien retoma un hilo interrumpido, decidido a recuperar ritmo y territorio en una temporada donde cada punto dibuja la geografía de una rivalidad generacional con el italiano Jannik Sinner.
Cincinnati, con su cemento ardiente entre el 8 y el 23 de agosto, se erige así en estación obligada para afinar la maquinaria del murciano, que en 2025 levantó el trofeo en circunstancias inusuales tras el retiro del propio Sinner en la final.
La lista del torneo no solo resuena con el nombre de Alcaraz, sino que amplifica el eco sudamericano con ocho argentinos —Francisco y Juan Manuel Cerúndolo, Sebastián Báez, Tomás Etcheverry, Mariano Navone, Camilo Ugo Carabelli, Thiago Tirante y Román Burruchaga— decididos a escribir su propia travesía.
Esa armada regional se completa con el chileno Alejandro Tabilo, el peruano Ignacio Buse y el paraguayo Daniel Vallejo, piezas de un mosaico que busca puntos, ritmo y certezas en la antesala del US Open.
En ese tablero de agosto, el regreso de Alcaraz no solo restituye una figura, sino que reaviva la narrativa de un circuito que vuelve a girar con uno de sus protagonistas más luminosos.
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