El secretario de Estado Marco Rubio fue el arquitecto del encuentro al que asistieron delegaciones de las Américas, Europa y Asia integradas por cancilleres, funcionarios de seguridad, diplomáticos y expertos en contraterrorismo.
Además, como bien los mencionó Rubio en el saludo inaugural de la cita, también estuvieron presentes miembro de la administración de Donald Trump, entre ellos el director del FBI, Kash Patel y la secretaria de Educación, Linda McMahon.
También estuvieron el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el subjefe de Gabinete de la mansión ejecutiva y uno de sus principales asesores en cuestiones de seguridad nacional, Stephen Miller, así como el subsecretario de Estado Christopher Landau.
En la apertura de esta reunión ministerial sobre el “resurgimiento del terrorismo político”, el jefe de la diplomacia estadounidense insistió en una narrativa que trata de establecer como matriz de opinión a la izquierda como el peor enemigo.
Rubio agradeció “a todo el equipo del Departamento de Estado por organizar este evento”, que catalogó de “acontecimiento sin precedentes sobre una cuestión —o mejor dicho, un momento— sin precedentes en nuestra historia”.
Y en esa cuerda se construyó el mapa de la supuesta amenaza terrorista global.
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