En la pista que dibuja un latigazo entre bosques, Antonelli volvió a escribir su nombre con tinta de récord: un minuto, 45 segundos y 944 milésimas para dejar en el espejo retrovisor al británico Lando Norris, de McLaren, y al neerlandés Max Verstappen, de Red Bull.
La sesión, de sesenta minutos, fue un monólogo interrumpido solo por sus propios fantasmas: un olvido al frenar en La Source echó por tierra su último intento, y un fuera de pista en el Bus Stop final selló una vuelta discreta frente al festival que había ofrecido.
Este fin de semana parece un Antonelli contra Antonelli, un joven que oscila entre la perfección que roza lo humillante y el error que no encuentra lógica. Si aguanta la presión en la clasificación, ninguno de sus rivales podrá acercarse; si flaquea, la puerta se entreabre para Norris, Verstappen o George Russell, que hoy lució como un coche de zona media.
Mientras Antonelli afinaba sus blandos, el siete veces campeón del mundo, el británico de Ferrari Lewis Hamilton, veía cómo su SF-26 se despedazaba tras un vuelo espeluznante en la curva 13.
El golpe reventó el monoplaza y, salvo milagro, lo dejará fuera de la clasificación; el dolor de espalda por el aterrizaje será su única compañía en las próximas horas.
Con este cronómetro, Antonelli no solo recupera el pulso en Bélgica, sino que amplía su ventaja en el Mundial a 43 puntos sobre Russell y a 47 sobre Hamilton.
La pista de las Árdenas, testigo de hazañas y tragedias, parece haber encontrado en este italiano de 19 años a un nuevo rey: un muchacho que, con nervios de acero y errores de aprendiz, tiene la corona en su mano.
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