El turismo histórico cultural está experimentando un cambio de paradigma. Se acabaron las visitas guiadas con auriculares; ahora se buscan «experiencias de tiempo real».
Según el informe ‘Cultural Horizons 2026’, el 60 por ciento de los turistas prefiere recreaciones históricas participativas o visitas a yacimientos arqueológicos activos (con excavaciones en curso) sobre los museos estáticos.
«Los viajeros quieren ensuciarse las manos, tocar la piedra. El éxito de Pompeya y su nueva gestión digital no es solo mostrar, es hacerte sentir romano», apunta la directora de Patrimonio de la UNESCO para Europa, Marta Fernández.
Ciudades como Mérida (España) o Atenas están utilizando realidad aumentada para superponer edificios derruidos sobre sus ruinas, pero lo que realmente atrae es el contacto humano: artesanos tejiendo a la antigua usanza o cocineros preparando recetas del siglo I.
El desafío actual es equilibrar la masificación con la conservación, por lo que se están imponiendo estrictos cupos diarios en la Acrópolis o el Coliseo para preservar la integridad del suelo y la experiencia del viajero, recalca.
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