El turismo de volcanes dejó de ser cosa de geólogos para convertirse en un producto de masas controlado y de alto precio.
Islandia, con la reciente actividad del volcán Sundhnúkur cerca de Grindavík, lidera este nicho, ofreciendo vuelos en helicóptero sobre cráteres humeantes.
«No venimos a ver el fuego, venimos a ver la creación de la Tierra en directo», comenta desde el lugar la vulcanóloga islandesa Helga Kristín.
La industria genera un microclima económico en torno a los volcanes de Indonesia, Italia (Etna) y Guatemala (Fuego), donde agencias locales ofrecen rutas guiadas por la noche para ver la lava contra el cielo estrellado.
El riesgo es controlado por sensores de última generación y monitores de gases, pero el peligro persiste. Tras un incidente en Nueva Zelanda en 2019, las aseguradoras exigen ahora protocolos de evacuación milimétricos, lo que encarece el precio de la aventura, pero la demanda no cesa. Se prevé que el mercado mundial de este turismo supere los tres mil millones de euros en 2027.
mem/rfc













