Tal afirmación es resultado de un estudio realizado en la Universidad de Viena, Austria, el cual proporciona un nuevo marco para comprender el envejecimiento.
La investigación divulgada por la revista Nature Medicine podría abrir nuevas vías para la monitorización de enfermedades y el diagnóstico precoz.
Los científicos recolectaron muestras de 983 individuos de 40 tipos de tejido diferentes, desde el cerebro y el corazón hasta el pulmón, el páncreas, la piel y el intestino.
Las mismas fueron convertidas en fotografías digitales de alta resolución y cada una reveló la arquitectura microscópica del órgano en cuestión.
Descubrieron –señala la fuente- que la arquitectura de los órganos guarda un registro silencioso del paso del tiempo.
El análisis reveló que el envejecimiento no se produce de forma uniforme, de hecho, algunos tejidos, como el pulmón, el riñón, el páncreas y la glándula suprarrenal, mostraron signos de envejecimiento acelerado ya entre los 20 y los 40 años de edad.
Otros siguieron trayectorias más complejas, con picos de envejecimiento acelerado que aparecieron más tarde en la vida.
En el caso del útero mostró un cambio particularmente notable alrededor de la menopausia.
Los especialistas identificaron fuertes vínculos entre el envejecimiento específico de cada tejido y afecciones médicas o factores asociados al estilo de vida.
La insuficiencia renal se asoció con señales de envejecimiento acelerado en múltiples tejidos, mientras que la diabetes mostró efectos pronunciados en el páncreas.
A través de los análisis de sangre fueron identificados con éxito patrones de envejecimiento vinculados a diversas enfermedades, como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad de Crohn, la fibrosis quística, la vasculitis, la diabetes y el accidente cerebrovascular.
Los científicos concluyeron que «los distintos órganos envejecen de maneras diferentes, y estos procesos parecen estar influenciados tanto por factores sistémicos como por factores específicos de cada tejido».
En el futuro, esta investigación podrían contribuir a diagnósticos mínimamente invasivos que permitan monitorizar la salud de los órganos y la progresión de las enfermedades mediante análisis de sangre.
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