El estudio, titulado Un retrato de las desigualdades brasileñas: Poder, privilegio y captura de la democracia, sostiene que la presencia desproporcionada de personas adineradas en espacios de decisión favorece la adopción de leyes y regulaciones que no contribuyen a una distribución más equitativa de los recursos.
Según la investigación, la concentración económica otorga a las élites capacidad de veto sobre políticas públicas y una influencia significativa en los procesos electorales.
En el caso brasileño, esta dinámica estaría relacionada con una estructura histórica marcada por el legado de la esclavitud, la concentración de la propiedad de la tierra y la preservación de privilegios durante distintos ciclos de modernización.
De acuerdo con el informe, el problema trasciende las elecciones y alcanza otros espacios de decisión, incluidos sectores técnicos del Ejecutivo, el Poder Judicial y órganos colegiados.
Oxfam identifica en esos ámbitos una predominancia de perfiles blancos, masculinos y de altos ingresos.
Los datos electorales citados por la organización muestran que en 2024 solo el 13,2 por ciento de los municipios brasileños eligió a una mujer como alcaldesa y, en las capitales, únicamente dos de los 26 comicios fueron ganados por candidatas.
En las elecciones nacionales de 2022, agrega el informe, los hombres representaron el 82,3 por ciento de los 513 diputados federales electos, frente al 17,7 por ciento de mujeres. En el Senado, fueron elegidos 23 hombres y apenas cuatro mujeres.
La desigualdad también aparece vinculada al patrimonio declarado por los candidatos. De acuerdo con los datos analizados por la organización, los aspirantes al Senado con bienes superiores a un millón de reales representaron el 38 por ciento de los candidatos, pero ocuparon el 55 por ciento de las 27 bancas disputadas.
Oxfam considera que el financiamiento electoral convierte el patrimonio acumulado en una ventaja para acceder a cargos públicos y sostiene que las desigualdades de género y raza contribuyen a mantener una representación política distante de la diversidad de la sociedad brasileña.
El informe reconoce avances sociales en Brasil, como el aumento del ingreso medio y la reducción de la pobreza, pero advierte que la concentración persiste: entre 2017 y 2023, la participación del uno por ciento más rico en la renta nacional aumentó de 20,4 a 24,3 por ciento.
“Para abordar la desigualdad en Brasil, no solo hay que fijarse en cuánto gana cada persona, sino también en quién acumula riqueza, quién controla los recursos y quién tiene medios muy superiores para influir en las decisiones del Estado», manifestó Viviana Santiago, directora ejecutiva de Oxfam Brasil.
La democracia se debilita cuando el poder económico se transforma en un poder político desproporcionado, apuntó.
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