El murciano, vigente campeón en Nueva York y número dos del ranking mundial, pondrá fin a un paréntesis de 138 días impuesto por una lesión de muñeca que frenó su curso competitivo cuando el calendario reclamaba su habitual vértigo.
La noticia anunciada ayer encendió el entusiasmo de aficionados, medios y referentes del deporte español, que aguardan el regreso de una figura capaz de convertir cada pelota en una escena de audacia.
Alcaraz afrontará en Flushing Meadows el desafío de recuperar el pulso de los partidos oficiales y comprobar, bajo la exigencia de los encuentros al mejor de cinco sets, la respuesta de una articulación sometida a máxima presión.
Las pruebas previas, sin embargo, dejaron señales alentadoras para el jugador de 23 años, cuyo golpeo volvió a mostrar potencia, variedad y la imaginación que lo instaló entre los grandes animadores del tenis contemporáneo.
Nueva York será ahora más que la defensa de una corona para Alcaraz: representará el reencuentro con una pista que conoce sus triunfos y con una afición española dispuesta a celebrar que su estrella vuelve a encenderse.
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