Una de las principales conclusiones que se pueden sacar a partir de los reportajes es un decisión negativa a la cual llegan muchos labradores: reducir el volumen de tierras cultivadas o cambiar a una siembra de variantes más resistentes al calor y la falta de agua.
El efecto del paso de al menos cuatro olas de calor por esta nación cortó como una tenaza, formada por la canícula y la falta de precipitaciones, a la agricultura nacional.
Como lo describe el canal de televisión BFMTV, “en los campos, los cultivos sufren, los rendimientos disminuyen y algunas cosechas ya se han visto gravemente afectadas”.
Uno de los sectores más golpeados, son los de los agricultores con cultivos ecológicos (bio) que apenas utilizan fertilizantes químicos, pero que la falta de lluvias y temperaturas de 40 a 45 grados centígrados como en Nante, deja devastado todo lo sembrado.
El referido canal pone un ejemplo de las consecuencias preocupantes para la economía nacional. Un agricultor con 18 años en la producción ecológica, decidió este año cultivar apenas cinco de las 30 hectáreas a su disposición para evitar inversiones con pérdidas posteriores.
Tal situación se repite en gran parte de las parcelas, pequeñas o grandes, del suroeste y el sur de Francia, donde se localiza gran parte de la tierra cultivable nacional, por lo que el diario Le Monde advirtió recientemente sobre problemas con la oferta en los mercados.
Una reducción en 50 por ciento de la producción de zanahoria, casi un 30 de maíz, al igual que de tomate y otros productos, puede condicionar un alza de precios y empujar a una inflación que ya se encuentra bajo presión del alza de los energéticos.
Aunque Francia produce el 60 por ciento de su energía a partir de las centrales nucleares, varias de ellas debieron parar algunos bloques por el calentamiento de la fuente de agua para el enfriamiento o la reducción de los niveles de los ríos para realizar ese proceso.
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