El levantamiento del proyecto MapBiomas, presentado en la 17 Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica en Armenia y citado aquí por medios de prensa, muestra que la superficie media de esos fragmentos pasó de 287 hectáreas en 1986 a 163 en 2024.
Aunque el tamaño promedio disminuyó, la cantidad de porciones aisladas de vegetación aumentó de 2,35 millones a 3,41 millones durante el mismo período.
Estas áreas de bosque y otros ecosistemas nativos quedan separadas por terrenos transformados para la agricultura, la ganadería o la urbanización.
Según Dhemerson Conciani, investigador del Instituto de Investigación Ambiental de la Amazonía y coordinador técnico del módulo de degradación de MapBiomas, la fragmentación dificulta la dispersión de semillas y el desplazamiento de animales, con consecuencias para la reproducción de las especies.
Conciani advirtió que el aislamiento reduce el flujo genético entre poblaciones y eleva el riesgo de extinciones locales.
También, explicó, aumenta la exposición al fuego y a los llamados efectos de borde, alteraciones ambientales que se producen en las zonas próximas a áreas deforestadas.
La Mata Atlántica es el bioma brasileño con mayor número de fragmentos, unos 1,38 millones, seguida por el Cerrado (957 mil).
Por su parte, la Amazonía conserva los fragmentos de mayor extensión, con un promedio de 662 hectáreas en 2024.
Sin embargo, el tamaño medio de esas áreas cayó 76 por ciento respecto a 1986, cuando alcanzaba dos mil 700 hectáreas.
Los estados de Minas Gerais, Bahía, Goiás, Sao Paulo y Paraná concentran conjuntamente el 49 por ciento de todos los fragmentos de vegetación nativa del país.
Como contraste, la región Norte mantiene áreas más continuas, con Amazonas entre los territorios que conservan los mayores bloques de vegetación.
El estudio estimó que entre 37 millones y 102 millones de hectáreas de vegetación nativa están expuestas a efectos de borde, equivalentes a entre el siete y el 18 por ciento de la cobertura remanente nacional.
A criterio de Eduardo Vélez, integrante del equipo de MapBiomas, estos datos permiten dimensionar la pérdida de vegetación y orientar políticas de restauración para recuperar la conectividad ecológica.
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