La función exacta de estas piedras, erigidas hace siglos, sigue siendo un misterio para los arqueólogos, lo que añade un atractivo adicional a su valor paisajístico.
El sitio está inscrito en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco y se extiende por una franja de territorio que combina sabana, humedales y bosques de galería.
La escasa presión turística ha permitido conservar tanto las piedras como su entorno, y el acceso se realiza principalmente desde las ciudades de Banjul o Kaolack, con guías locales que conocen las agrupaciones menos señalizadas.
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