Por Antonio Rondón
Pero, ¿Qué ocurre afuera que tanto puede repercutir en esa esfera del desarrollo galo?
Resulta ser, y de ello ya comenta la prensa local, que la inteligencia artificial (IA), presentada como la nueva gran mina de oro de la economía mundial, comienza a mostrar las primeras grietas financieras de una carrera que exige inversiones gigantescas.
De acuerdo con las estimaciones de JPMorgan, las grandes cadenas tecnológicas prevén gastar hasta 5,5 billones de dólares de aquí a 2030, de los cuales 4,1 billones procederían del endeudamiento.
Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle concentran buena parte de esta ofensiva, con desembolsos que superarían el billón de dólares solamente en 2027.
El problema es que el crecimiento de las inversiones no garantiza que los ingresos futuros permitan recuperar semejantes cantidades.
Las dudas de los inversores desembocaron en una nueva sacudida de los mercados que dieron un buen susto a bolsas europeas, incluida la de esta capital.
Así, el índice Nasdaq 100 cayó un 6,4 por ciento en una jornada, para borrar de un plumazo 2,5 billones de dólares de capitalización, mientras octubre ya había dejado pérdidas superiores a los dos billones.
La onda expansiva también alcanzó con fuerza a Asia, con retrocesos del 5,96 por ciento en Tokio y del 6,02 en Seúl, según los balances bursátiles recogidos por la prensa económica local.
Detrás de la volatilidad aparece un problema estructural: las empresas financian a sus propios clientes para que estos compren sus procesadores, servidores y servicios, para crear así circuitos de inversión, cuya solidez depende de que la cadena no deje de crecer.
Si una compañía incumple sus previsiones, la dificultad puede propagarse entre proveedores, acreedores e inversores.
Francia tampoco está al margen de esta carrera, aunque intenta convertirla en una oportunidad para construir una industria tecnológica propia alrededor de Mistral AI.
La empresa obtuvo 725 millones de euros en financiación bancaria para su centro de datos de Bruyères-le-Châtel, en Essonne, destinado a incorporar 13 mil 800 procesadores Nvidia y una potencia eléctrica de 44 megavatios, de acuerdo con Le Monde.
Además, prevé invertir hasta cuatro mil millones de euros en infraestructuras y ampliar su capacidad de cálculo, mientras el proyecto Campus AI, impulsado junto con Bpifrance, MGX y Nvidia, aspira a desarrollar hasta tres gigavatios en territorio francés.
Una apuesta de enorme dimensión que sitúa al país en el centro de la disputa por el control de la infraestructura digital, cuando las propias autoridades galas, al presentar en verano el proyecto, reconocieron la enorme competencia que enfrentan en ese mercado.
Pero la promesa de soberanía tecnológica también enfrenta contradicciones y riesgos financieros.
En septiembre, Mistral anunció una nueva captación de tres mil millones de euros, que elevó su valoración a 21 mil millones, aunque su expansión necesita capital y depende de procesadores estadounidenses, afirma por su lado BFMTV Business.
Le Monde también recogió críticas sobre la estrategia de la citada empresa de IA de priorizar centros de datos y servicios.
Mientras tanto, este viernes, el índice CAC 40 de la bolsa de París cerró con una caída del 0,81 por ciento, hasta los 8.139 puntos, después del desplome tecnológico internacional.
STMicroelectronics y Soitec, que sufrieron fuertes pérdidas el pasado día 5, rebotaron al día siguiente, comenta el mismo medio de prensa.
Francia por ahora enfrenta un dilema: el problema no se trata solo de invertir en la IA, sino de buscar quién se encargaría de asumir riegos si fracasa en alcanzar la rentabilidad, cuando se comprometería el esfuerzo para contar con una verdadera independencia tecnológica.
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