Mientras los trabajadores del campo luchan contra el alza del precio del combustible y la creciente escasez de fertilizantes, existe preocupación en todo el mundo por el impacto en los cultivos, reflejó en su portal la compañía de asesoría financiera Bloomberg.
África, donde más de la mitad de sus mil 300 millones de habitantes dependen de la agricultura, es la región más vulnerable del planeta, junto con algunas zonas de Asia.
Malawi es un ejemplo extremo de la gravedad que podrían tener las consecuencias del conflicto para la seguridad alimentaria global, debido a la convulsión en el mercado de fertilizantes.
Sin salida al mar y rodeado de países vecinos más ricos y poderosos, Malawi ha sido durante mucho tiempo víctima de su geografía y su economía.
Los pequeños agricultores son el grueso de los 22 millones de habitantes de la nación, y mientras se preparan para la temporada de siembra ya resulta demasiado caro transportar algunos fertilizantes a las regiones rurales, si están disponibles.
Los suministros mundiales de combustible y de nutrientes para las plantas están siendo asfixiados por el cierre efectivo del estrecho de Ormuz.
El impacto del conflicto llevó a la ONU a advertir del aumento del coste de los alimentos en un continente donde ya existían alarmas sobre posibles hambrunas y con gobiernos con una capacidad limitada para ayudar.
Los agricultores de Nigeria y Lesotho prescinden de los fertilizantes o reducen la superficie que planean sembrar, en tanto Sudáfrica prevé su cosecha de trigo más baja de los últimos 12 años al comenzar la siembra de invierno, y en Senegal algunos emplean productos más baratos.
En gran parte del África subsahariana, donde los pequeños agricultores utilizan un mínimo de fertilizantes para empezar, cualquier repunte de los precios puede disminuir drásticamente el uso de insumos y reducir unos rendimientos que ya son bajos, señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en un documento de marzo.
El precio del fertilizante nitrogenado más utilizado, la urea, subió más de un 90 por ciento mientras el estrecho de Ormuz permanece efectivamente bloqueado.
Alrededor de un tercio de las exportaciones mundiales de urea, el 20 por ciento de las de amoniaco y una quinta parte de fertilizantes fosfatados se mueven por esa importante vía desde Catar, Arabia Saudita, Irán y Emiratos Árabes Unidos.
Incluso si el conflicto finaliza, se espera que la recuperación de los envíos de fertilizantes sea lenta debido a la congestión marítima y a que las plantas tardan en volver a funcionar, dijo Ashish Lakhotia, responsable de insumos agrícolas del comerciante de materias primas ETG Group.
Las posibles consecuencias son pronunciadas en Malawi, que sufre repetidas carencias alimentarias debido a perturbaciones meteorológicas como sequías, inundaciones y ciclones.
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