Durante un discurso pronunciado desde el Palacio de Gobierno, Salam señaló que el diálogo representa la vía más adecuada para alcanzar el cese de las hostilidades, lograr la retirada de las fuerzas israelíes, asegurar la liberación de prisioneros y avanzar en la reconstrucción de las zonas afectadas por la guerra.
El jefe del Gobierno libanés subrayó que la negociación no debe interpretarse como una rendición, sino como un mecanismo para proteger los intereses nacionales y reducir el costo humano y material del conflicto.
Salam denunció asimismo la intensificación de las operaciones militares israelíes en el sur del país y acusó a Tel Aviv de aplicar una política de destrucción sistemática contra ciudades, pueblos e infraestructuras civiles.
Según el mandatario, las acciones israelíes han provocado desplazamientos masivos de población y constituyen una forma de castigo colectivo contraria a las normas y convenciones internacionales.
Las declaraciones se produjeron un día después de nuevas conversaciones militares entre representantes libaneses e israelíes celebradas en Estados Unidos, como parte de un proceso de negociación auspiciado por Washington.
Entretanto, fuentes militares libanesas informaron que tropas israelíes avanzaron hacia localidades situadas al norte del río Litani y alcanzaron las inmediaciones de la ciudad de Nabatieh, en lo que Beirut considera una nueva violación del acuerdo de alto el fuego vigente desde abril. Por su parte, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, confirmó recientemente que las fuerzas de su país cruzaron el río Litani y establecieron nuevas posiciones de control en el sur libanés.
Las autoridades de Beirut denunciaron que las continuas operaciones militares israelíes han causado víctimas civiles, además de daños significativos a infraestructuras públicas, centros de salud, escuelas y lugares de culto.
De acuerdo con cifras oficiales libanesas, la ofensiva israelí iniciada el pasado 2 de marzo ha dejado más de tres mil 300 muertos, alrededor de 10 mil heridos y más de un millón de desplazados.
En este contexto, Salam reiteró el compromiso de su Gobierno con la búsqueda de una solución política que permita detener la guerra y preservar la estabilidad del país, al tiempo que advirtió sobre los riesgos de una mayor escalada regional.
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