Tras el anuncio, el mandatario de la nación oceánica declaró que existe un desacuerdo ideológico con Estados Unidos, mientras la administración de Donald Trump justifica la medida alegando que estos países no han prohibido suficientemente la importación de bienes fabricados con mano de obra forzada.
El nuevo gravamen sustituirá al recargo temporal de un 10 por ciento que expira en julio y ya había sido anulado por la Corte Suprema en febrero.
Albanese calificó los aranceles como injustificados e incompatibles con los acuerdos de libre comercio y advirtió que incrementan los costos para los consumidores estadounidenses.
De igual manera, recordó que Australia cuenta con una legislación pionera a nivel mundial en materia de trabajo forzoso y esclavitud moderna, la cual fue aprobada por el parlamento con apoyo unánime.
Subrayó que Estados Unidos mantiene un superávit comercial con Australia, es decir, vende más de lo que compra, algo reconocido por el propio Trump en distintas ocasiones.
Al decir del estadista australiano, los nuevos aranceles castigan a los consumidores estadounidenses y dañan el comercio internacional.
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