Así coincidieron Alexander De Croo, responsable del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y Barham Salih, del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), quienes visitaron varios proyectos en Mazar-e-Sharif que se están llevando a cabo con el apoyo de ambas agencias de la ONU.
El representante de ACNUR señaló que la infraestructura de Afganistán presenta graves daños, el acceso a los servicios básicos sigue limitado y el mercado laboral mantiene serios desafíos.
Afirmó que el apoyo a Afganistán debe ser un deber para la comunidad internacional e instó a las autoridades a cooperar y a tratar a todos los afganos —tanto hombres como mujeres— de manera justa, con el fin de mantener la confianza internacional y asegurar la continuidad de la ayuda.
Por su parte, Alexander De Croo declaró que, si bien muchos aspectos avanzan en la dirección correcta en Afganistán, el país continúa con retos que requieren atención.
Aseguró que las Naciones Unidas continúan su compromiso de mantener la atención mundial centrada en Afganistán y destacó que los desafíos solo podrían abordarse mediante la cooperación, el diálogo y la unidad.
Algunas mujeres que regresaron recientemente de países vecinos comentaron que el acceso al empleo les había permitido lograr una mayor independencia económica y mejorar sus condiciones de vida, según el medio de prensa afgano TOLO news.
Ante la aceleración de las deportaciones de migrantes afganos de países como Pakistán, la creación de oportunidades laborales para los retornados —especialmente para las mujeres— se ha convertido en una de las prioridades clave de las organizaciones humanitarias, señaló el medio noticioso.
La fuente agregó que la iniciativa tiene como objetivo fortalecer su autosuficiencia económica y apoyar su reintegración en la sociedad.
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