“Volver a la fumigación aérea es repetir una receta fracasada. Llámese glufosinato o glifosato, la aspersión no destruye el narcotráfico; solo devasta nuestros ecosistemas, contamina a las comunidades y desplaza la mafia a otras zonas. Este Gobierno va a sacrificar nuestra biodiversidad y la salud del pueblo solo para quedar bien con Estados Unidos”, denunció en su cuenta de X.
El legislador reaccionó después de que se conociera que Policía Antinarcóticos pidió a la Agencia Nacional de Licencias Ambientales dar luz verde a un ejercicio de prueba de aspersión aérea con la referida sustancia en un máximo de mil hectáreas.
El plan piloto está actualmente detenido por orden de un juez del sureño departamento de Putumayo, que alegó falta de información suficiente sobre las zonas a intervenir, su alcance territorial y los posibles riesgos para la salud, el agua, el medio ambiente y la biodiversidad.
Según se conoció, el gobierno pretende fumigar áreas en los municipios de Puerto Asís, Orito, Puerto Guzmán, Valle del Guamuez, Puerto Caicedo, Villagarzón, Leguízamo, San Miguel y Mocoa, todos en Putumayo.
A juicio de Ocampo, de concretarse los planes para la aspersión aérea con glufosinato, “los campesinos tomarán agua envenenada y sus cultivos los enfermarán a ellos y a nosotros”, mientras “la cocaína seguirá creciendo y vendiéndose en Estados Unidos”.
El herbicida en cuestión, usado fundamentalmente para eliminar malezas, pastos y vegetación no deseada, está clasificado por el Organización Mundial de la Salud (OMS) en la Clase II “Moderadamente Peligroso”, lo cual significa que tiene una toxicidad aguda intermedia.
O sea, está catalogada como una sustancia lo suficientemente dañina como para provocar la muerte o secuelas graves e irreversibles casi de inmediato si llega a ingresar al organismo en cantidades moderadas (como una cucharadita ingerida o el contacto directo de un concentrado sobre la piel desprotegida).
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