Un nombre, un trago y toda una leyenda, ello lo constituye el preparado Daiquirí, parte del recetario de la coctelería cubana, confeccionado a partir del ineludible ron.
Miles de personas de muchas partes del mundo lo primero que piden al llegar a Cuba es Daiquirí, pero de esta forma refrescante de beber, sobre todo para combatir el calor de la Isla, existen distintas variantes.
Se trata de una mezcla, en esencia, de ron, limón, azúcar y hielo molido envuelta en los avatares de la cubanía con un manto de rebeldía y deseos de gourmets, una especie de bandera para cualquier bebedor y también para quienes no lo son.
El nombre más cercano, digamos el pariente próximo del Daiquirí, lo es La Canchanchara un trago que tiene mucho que ver con las luchas libertarias de Cuba.
Los mambises, combatientes de la manigua contra el colonialismo español en el siglo XIX, conocían muy bien de lo agradable que resultaba dejar correr por la garganta un preparado a base de 2/3 de ron o aguardiente, 1/3 de limón, endulzado con miel. Este preparado era sin dudas calmante de la sed y perfecto remedio para combatir el nerviosismo que lógicamente provoca la preparación para un combate o el recibir una herida, así consta en las crónicas de campaña de la época.
Por lo general, los soldados llevaban a cuestas una botella con este preparado que con el tiempo adquirió el nombre de Canchanchara, el trago perfectamente podía constituir origen de la abundante coctelería cubana de tiempos después.
Aunque la combinación de ingredientes se parecía mucho a la del Daiquirí, aún distaba de convertirse en ese cóctel que hoy se sirve sobre todo en el bar-restaurante Floridita de La Habana.
Precisamente, sobre la aparición del Daiquirí existen diversas versiones. Una de ellas, sitúa que a principios del siglo XX el ingeniero Pagliuchi, a la sazón capitán del ejército libertador cubano, visitó la mina de hierro de Daiquirí, en la oriental Santiago de Cuba.
En ese lugar el militar tendría una entrevista con su colega norteamericano Jennings S. Cox con la finalidad de rescatar unas minas en la región de El Cobre, donde ahora se encuentra una importante basílica y yacimientos de ese metal.
Como en la despensa del norteño no encontró algo bueno para refrescar como Gin o Vermouth, sólo ron, azúcar y limón, mezcló esos ingredientes hasta servirse ambos un excelente trago para mitigar la sed en el caluroso oriente de la Isla.
La segunda versión más importante sobre el asunto data de 1898, cuando las tropas norteamericanas desembarcaron en la propia zona de Daiquirí, en su playa. El general Shafter, quien comandaba las tropas, observó la Canchanchara de los mambises con detenimiento.
Entonces, a la unión de ron, limón y azúcar le añadió hielo para otorgarle el toque de distinción del preparado que indudablemente debe su nombre a esa playa de la zona más al este de Cuba.
De repente, se hizo tradicional el Daiquirí en el Hotel Venus de esa propia ciudad (Santiago de Cuba) a cuya barra acudían a degustarlo tanto los ingenieros cubanos como estadounidenses, haciéndolo popular con el nombre de “Daiquirí Natural”.
Con posterioridad, su verdadero realce ocurre en La Habana, atribuible al cantinero Emilio González, conocido como Maragato, de origen español, sirviéndolo en el Hotel Plaza.
Sin embargo, quien le dio verdadera fama fue su colega, el español Constantino Ribalaigua Veri (Constante) vendido en el bar-restaurante Floridita. Este maestro de los tragos preparó cuatro versiones antes de ofrecer la definitiva, la cuarta, el “Daiquirí Floridita”.
Por su parte, el novelista norteamericano Ernest Hemingway, quien se instalo en Cuba desde 1939 por unos 20 interrumpidos años, descubrió el trago y le hizo su aporte.
Al convertirse en cliente asiduo del Floridita, y degustador especial de los Daiquirís, les suprimió el azúcar y les dobló el ron, para acuñar la receta del “Papa Doble”, que con esmero le preparara Constante.
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