París, 7 nov (Prensa Latina) La comuna de Malakoff, en la periferia capitalina, se convirtió hoy en escenario para dar voz propia a la solidaridad de Francia con una Cuba bajo bloqueo económico, comercial, financiero y energético de Estados Unidos.
Con gobiernos comunistas desde 1925, esa comuna, en Ile de France, fue el escenario ideal para abordar la verdadera esencia de la política genocida de la administración de Donald Trump contra Cuba, la resistencia de su pueblo y la ayuda solidaria que recibe ahora.
En la actividad, en la que también intervino la cónsul Alisbel Hecheverría, el presidente de Cuba Cooperación Francia, Manuel Pascual, destacó 20 años de colaboración con sindicatos y entidades de la región parisina para mejorar el abastecimiento de agua en la isla.
Tal proyecto incluye intercambios de técnicos cubanos y franceses, transferencia de conocimientos y entrega de equipamiento especializado para el mantenimiento de las redes y las instalaciones hidráulicas.
Además, mencionó iniciativas agrícolas para producir arroz con un uso mínimo de pesticidas y proyectos de transformación industrial de frutas y verduras, con inversiones previstas de hasta 450 mil euros.
En el ámbito sanitario, explicó que la asociación envió medicamentos y material médico, incluidos equipos de laboratorio y material preoperatorio.
Pascual relató las dificultades de los hospitales cubanos, incluso durante intervenciones quirúrgicas y partos, y defendió mantener proyectos de cooperación pese a obstáculos bancarios y comerciales.
De su lado, Fabrice Leclerc, presidente de la asociación France Cuba, destacó el envío de una tonelada de medicamentos en un solo año, mediante las llamadas “maletas solidarias”, una iniciativa impulsada por cubanos residentes en Europa y asociaciones de solidaridad.

Los medicamentos, seleccionados según las prioridades comunicadas por médicos cubanos, incluyen analgésicos y tratamientos para niños, y llegan a la isla a través de viajeros solidarios.
Entre las acciones de France Cuba figura también el equipamiento de un gabinete dental en el Centro de Neurociencias de La Habana, la entrega de tecnología para diagnósticos oftalmológicos y la financiación de paneles solares y generadores para hospitales.
Leclerc mencionó, además, el proyecto “La Bandera”, destinado a producir medicamentos a partir de plantas medicinales, como respuesta a las dificultades para importar determinados fármacos.
Olga Álvarez, del equipo de solidaridad en el mundo de Socorro Popular de Francia, destacó por su parte el compromiso de esa organización con Cuba desde 1961 y anunció un programa nacional para financiar e instalar mil paneles solares en la isla.
La iniciativa, respaldada por donaciones y actividades solidarias en Francia, prioriza hospitales, centros de educación especial, instituciones científicas y estructuras vinculadas a la seguridad alimentaria.
Entre los resultados concretos, Álvarez mencionó la instalación de 48 paneles solares, 13 baterías y un inversor, con una inversión de 58 mil euros, en el principal instituto cubano de investigación avícola.
Antes de recibir el equipamiento, los apagones habían provocado la pérdida de 12 mil huevos en incubación. Pero ahora, el centro puede proteger su trabajo científico y contribuir a la producción de alimentos, constató.
De igual forma, se instalaron paneles en un centro que investiga enfermedades neurodegenerativas, como el párkinson y el alzhéimer, para evitar que los cortes eléctricos interrumpan sus investigaciones.
La actividad, a la cual asistieron residentes cubanos y asociaciones de solidaridad, también incluyó la degustación de comida de la isla y una rueda de casino organizada con miembros de grupos de solidaridad.
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