Este escenario se ha mantenido protegido en gran medida por su propia inaccesibilidad. La Unesco lo reconoce como Patrimonio Mundial, y su condición de área remota ha limitado históricamente el flujo de visitantes, permitiendo que sus ecosistemas —que van del bosque nublado a la selva baja— conserven un grado de integridad poco común en la Amazonía.
El acceso requiere vuelos pequeños, viajes fluviales y permisos especiales, lo que filtra naturalmente el turismo masivo.
Para quienes logran llegar, el parque ofrece observación de fauna en un entorno donde la presencia humana es mínima, con comunidades locales involucradas en actividades de conservación y turismo de bajo impacto.
mem/rfc





