París, 12 ago (Prensa Latina) El cambio climático parece tomar venganza hoy en Francia, sometida a un fuego cruzado de calor y sequía, en medio de devastadores incendios forestales, suficientes para mantener en vilo a su Gobierno.
La creciente preocupación nacional por el cambio climático pasó de un argumento defendido por la bancada ecologista en la Asamblea Nacional (cámara baja) a una tema permanente del ejecutivo este verano.
No hubo tregua. Desde finales de mayo, aún sin arrancar oficialmente la temporada de verano, el país ya enfrentaba la primera ola de calor de este año, con pequeños descansos para convertir al julio de este año en el más caluroso de la historia de mediciones en este país.
Francia amaneció esta jornada con 78 de sus 99 departamentos continentales en nivel naranja de la emergencia climática, es decir, más de dos tercios del territorio galo enfrentan temperaturas superiores a los 35 grados centígrados.
La canícula ya mostró su poder a finales de julio, cuando un megaincendio en Gironda arrasó con 42 mil hectáreas de bosque en apenas unas semana, obligó la evacuación de 224 mil personas y dejó daños económicos por unos cinco mil millones de euros.
Para atender esa situación, el primer ministro Sébastien Lecornu prometió dirigir el próximo día 17 una reunión de crisis de su gobierno en Gironda, en el suroeste galo, con entidades locales y empresarios para un plan de reconstrucción general.
LA SEQUIA, LA OTRA PARTE DE LA TIJERA
El otro efecto directo de las cinco olas de calor que ya castigaron a Francia es, como en gran parte de Europa, la expansión de la sequía, con al menos 70 departamentos con restricciones para el uso del líquido vital.
La situación llevó a que Lecornu prometiera una reunión esta jornada del ejecutivo para abordar la crisis con la reducción de la disponibilidad para todos los consumos.
Se trata de una drástica reducción de la disponibilidad de agua, cuando más del 90 por ciento de las fuentes subterráneas presenta disminución del volumen, mientras decenas de pequeños afluentes desaparecen y dejan tras de sí puentes innecesarios.
Además de lastimar la principal vía para obtener el agua potable, la sequía daña la agricultura, con una producción de maíz de apenas nueve millones de toneladas, al nivel de 1980, para una caída de producción de cerca del 35 por ciento.
En Occitania, la mayor región gala productora de girasol, se pronostican rendimientos de un 18 por ciento por debajo de lo alcanzado en 2025 y un 25 menos respecto a la media de un lustro, destaca el canal de televisión BFMTV.
La vandemia, adelantada en algunas zonas para julio, enfrenta tales vicisitudes que el gobierno prefirió retrasar hasta el 8 de septiembre los pronósticos de la cosecha de vino de este año.
Pero la sequía y la canícula se unen para poner en crisis la esfera energética, pues varias plantas nucleares debieron parar temporalmente algunos de sus bloques por el calentamiento de las fuentes hidráulicas de enfriamiento por encima de los 25 grados.
Ello ocurre cuando la canícula dispara el consumo energético por la conexión de aparatos de climatización, aún cuando solo el 25 por ciento de Francia cuenta con esos equipos.
La Red de Transporte de Electricidad de Francia (RTE) estima que durante los episodios de calor cada grado adicional aumenta normalmente el consumo entre 0,7 y 1 GW.
En la ola de calor de este verano, el efecto de los aires acondicionados añadió aproximadamente 10-14 GW de consumo respecto de una situación meteorológica normal, indicó RTE.
Por eso Francia tuvo que recurrir más a sus centrales térmicas, particularmente las de gas, para compensar parte de la combinación de mayor demanda y menor disponibilidad nuclear.
Tal situación hace más vulnerable aún a Francia ante los problemas energéticos causados por la crisis en Medio Oriente, estiman especialistas citados por el canal de televisión CNews.
Las dos partes de la incontenible tijera del cambio climático parecen obrar ensañadas contra la economía, la estabilidad ecológica y el equilibrio social de Francia que, al parecer, asume por fin su condición de “país caluroso” en el verano. ro/to





