Cerramos la semana con las rutas turísticas del vino, que ya no se guían solo por el mapa, sino por el algoritmo.
La consultora Wine Intelligence señala que el 40 por ciento de los turistas que visitan la Rioja, Burdeos o el Valle de Napa utilizan asistentes de inteligencia artificial (IA) para planificar su ruta según sus gustos olfativos y gastronómicos, evitando las bodegas masivas en favor de las «joyas ocultas».
«El viajero quiere hablar con el viticultor, pisar la uva, no solo degustar», comenta la sommelier María Rodríguez.
Las bodegas están reinventando sus espacios para ofrecer «experiencias de vendimia inmersiva» y conciertos en los viñedos al atardecer.
La tendencia apunta a regiones emergentes como la Toscana (ya clásica) o el Valle de Uco en Argentina, que han visto aumentar sus visitas un 25 por ciento este año.
El auge del vino natural y los «vinos sin sulfitos» es el principal gancho para atraer a un público joven y saludable.
El único desafío es el cambio climático, que está obligando a mover las rutas hacia el norte (Inglaterra, Alemania) en busca de temperaturas más frescas, redefiniendo el mapa global del turismo del vino para 2030.
mem/rfc













